Introducción
Hace una década la posibilidad
de reunirse en espacios diferentes
a los bares era fácil para
nosotras las mujeres, sin embargo
la posibilidad de expresar nuestro
lesboerotismo era inviable ya que
generaba desazón en quienes
no lo compartían y podía
además convertirse en antecedente
de hechos violentos a través
de palabras hirientes y actitudes
excluyentes.
Así
las cosas y ante la necesidad de
expresar nuestros afectos a otras
y con otras, un número de
mujeres en el año 96 en Bogotá
decidieron agruparse. Inicialmente
para tomarse un café y conversar
sobre el devenir de los tiempos.
Con el paso de los días el
grupo fue creciendo demostrando
así que se conformaba un
gueto. Se repetía entonces
la historia de Safo en la Isla Lesbos-
de allí surge nuestra nominación
como lesbianas- la diferencia era
que íbamos más allá
de la poesía y sentíamos
la imperiosa necesidad de ser visibilizadas,
no sólo tener el espacio
de reunión sino comprender
cómo ese espacio nos fortalecía
para asumir nuestra orientación
ante nuestra pareja, la familia
de ella, la nuestra y en los demás
contextos en que era necesario hacerlo,
por resultar mejor salir que continuar
en el closet. También presenciamos
como mujeres estaban mejor en el
closet y como otras regresaban a
él después de una
larga lucha de visibilización.